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deInmediato > Noticias > Públicas

30/10/2017 09:07 am
Del “bachaqueo” crediticio y de los abusos de la banca (Por Alejandro Cáribas)

(deInmediato) El dramaturgo alemán Bertolt Brecht en su obra maestra “La Opera de los Tres Centavos”, cuestionó de manera irreverente el orden burgués y lo calificó como una sociedad de delincuentes, sostenía que “Robar un banco es un delito, pero más delito es fundarlo”.

Con esta introducción, no propia de estos tiempos, en que la actividad bancaria se encuentra, en mayor o menor escala, controlada por el Estado a través de los bancos centrales y organismos de supervisión bancaria, en que la ética del desempeño bancario ocupa un lugar destacado, queremos llamar la atención respecto de ciertas malas prácticas bancarias operativas empleadas por algunos bancos en detrimento de sus ahorristas y prestatarios.

En el afán de procurarse una mayor rentabilidad algunos bancos, no pocos, han implementado políticas para sus operaciones activas y pasivas repugnantes, abusando de su privilegio para imponer condiciones crediticias y de captaciones a prestatarios y ahorristas, rayanas con la ilegalidad.

Con el deliberado propósito de disminuir sus costos financieros, haciendo caso omiso inclusive de reiteradas circulares emanadas de Sudeban, dirigidas a evitar la discriminación para apertura y mantenimiento de instrumentos de captación, siendo la más reciente la Circular No SIB-II-GGR-GNP-22289 de fecha 24 de octubre de 2017, algunos bancos impiden no solo la apertura de cuentas de ahorro, sino que en las ya abiertas no permiten que el cliente deposite en las mismas, sino en cuenta corriente, rechazando el depósito cuando se hace por taquilla bancaria o impidiéndolo mediante una aplicación que rechaza la transferencia de cuenta corriente a cuenta de ahorro cuando se intenta hacerlo por internet.

Los clientes no son responsables de la excesiva liquidez de la banca (50,49%) ni de la caída de la intermediación crediticia (49,76%), datos de Sudeban a septiembre de 2017, pero son los que reciben el impacto adverso de cero interés o interés mínimo por su dinero colocado en la banca, como si no bastara con la inflación para alejar el espíritu de ahorro.

El asunto de los créditos otorgados por la banca presenta una situación tan aberrante como la práctica anteriormente descrita, por una parte, el llamado préstamo a corto plazo se ha limitado a préstamos cuya duración es inferior a un año, efectuándose durante ese período dos, tres y hasta cuatro renovaciones, siendo a cargo del prestatario el pago de la comisión flat del 3% sobre el capital de cada renovación y, por la otra, algo aún más repugnante, que consiste en retenerle al prestatario hasta el 30% del crédito por concepto de “reciprocidad”.

En este último escenario el prestatario paga una comisión flat del 3% sobre la totalidad del préstamo y paga un interés del 24% sobre el 100% del saldo deudor, cuando en realidad tiene disponible el 70% del crédito, lo que incrementa sustancialmente la tasa de interés del préstamo, arrojando una tasa efectiva muy superior a la tasa máxima fijada por el Banco Central de Venezuela. De no aceptar el prestatario esas condiciones, sencillamente, no se le otorga el crédito.

Algunos bancos han regresado a la vieja y nefasta práctica de cobrarle al prestatario una comisión adicional a la de la comisión flat, por gastos de administración, de un 3% sobre el monto del crédito, lo que incrementa el costo del préstamo, como si evaluar la solicitud del crédito, documentarlo y liquidarlo, fueran actividades ajenas a la razón de ser de la banca. Esa práctica equivale a que el cliente de un automedicado deba pagarle a este una cantidad adicional por el uso del “carrito” para transportar los bienes o por utilizar los servicios del cajero al momento de pagar la compra.

Prácticas como las reseñadas deben ser execradas del sistema bancario, compete a los propios bancos, al gremio que los agrupa y a las autoridades financieras, Sudeban y BCV, unir esfuerzos para acabarlas, en tanto las mismas constituyen una agresión a los depositantes y prestatarios del sistema bancario, cuya permanencia nos retrotrae a los tiempos de Bertolt Brecht. (deInmediato) 

 
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