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17/12/2018 09:10 am
La banca en modo de sobrevivencia

(deInmediato)  (Por Alejandro Cáribas) La tarjeta de crédito es un instrumento que aumenta la capacidad de demanda de bienes y servicios del tarjetahabiente, con  la obligación de honrar el monto de su consumo mediante un pago mínimo y sin una fecha de vencimiento para el pago de la totalidad del “capital”, lo que le permite en tiempos hiperinflacionarios, como los actuales, adquirir diariamente bienes y servicios a precios inferiores a los del día siguiente.

Esta afirmación se sostiene al comparar el costo del dinero de la tarjeta de crédito, 29% al año más un monto relativamente bajo por gastos de emisión y mantenimiento, versus una inflación anual cercana al 1.000.000% en 2018, esto es, una inflación diaria aproximadamente del  3%.

Obviamente, la tasa de interés para la tarjeta de crédito y para cualquier otra modalidad crediticia, no es fija, es variable, aunque la política monetaria sostenida por el Banco Central de Venezuela (BCV) de mantenerlas incólumes, ofrece la sensación de que estas son fijas e inmodificables; no obstante cualquier eventual incremento de las mismas siempre estará por debajo de la inflación, lo que da lugar a las denominadas tasas activas negativas.

La banca por su parte, encuentra en la tarjeta de crédito, dentro del contexto actual, la más atractiva de las modalidades crediticias porque permite la mayor tasa de interés anual, un ingreso por emisión y mantenimiento, así como por el servicio de pago a los proveedores de bienes y servicios.  Aunque  los riesgos de este crédito son mayores que los comerciales, hipotecarios, de vehículos, etc., su comportamiento ha sido aceptable, probablemente por el cuido  que hacen los tarjetahabientes de este mecanismo de financiamiento que le sirve de auxilio para el diario sustento.

Desde una perspectiva macroeconómica la tarjeta de crédito, en la medida que le otorga a sus usuarios una mayor capacidad de demanda de bienes y servicios, contribuye a alimentar el proceso hiperinflacionario, en tanto estos no se reproducen con la misma velocidad que lo hace el límite de la tarjeta de crédito.

La Ley de Instituciones del Sector Bancario fijó un porcentaje de hasta el 20% sobre la cartera de crédito total para los créditos al consumo, entre los cuales ocupa lugar privilegiado la tarjeta de crédito, que al mes de septiembre de 2018, representaba el 7,18% sobre la cartera de crédito total.  Este porcentaje marca una tendencia creciente, entre otras cosas porque el valor de la unidad tributaria que ha sido la base de cálculo para fijar el límite máximo y ahora el límite mínimo también, por primera vez en su historia, se ha incrementado más de una vez al año: pasó de Bs 300 a Bs500,  a Bs 850 y a Bs 1.200, hasta fijarse en Bs S 17, que es la actual.

Esos aumentos del valor de la unidad tributaria, acompañado del máximo de unidades tributarias autorizadas para la tarjeta de crédito por la Sudeban, han llevado el límite máximo de la tarjeta de crédito en el año 2018, de 36.000.000 a 60.000.000, a 102.000.000 bolívares fuertes y luego a 50.000, 104.000 y actualmente Bs S 204.000, estableciéndose un límite inferior de Bs S 5.000.

Se observa una confusa e incoherente política monetaria que, por una parte sube el encaje legal marginal hasta un 50%, esterilizando hasta la mitad de las captaciones a partir de una fecha determinada, al parecer con el propósito de reducir el circulante monetario y con ello la demanda de bienes y servicios y, por otra parte incrementa desproporcionadamente los salarios, pensiones y bonos diversos, sin ninguna contraprestación en la producción de bienes y servicios, lo que incrementa sustancialmente el torrente monetario, anulando o reduciendo el efecto buscado con la elevación del encaje legal.

El desempeño del sistema bancario en un ambiente de tasas activas deprimidas respecto a la inflación, con una política cambiaria de  control total  desde hace quince años,  con restringida capacidad crediticia debido a la elevación del encaje legal, con carteras obligatorias que representan aproximadamente una tercera parte  del total de la cartera de crédito cuya tasa de interés es inferior a las fijados por el BCV, con una prolongada recesión, que ha implicado una caída de cerca el 50% del Producto Interno Bruto (PIB) durante 5 años consecutivos, encabezada por la sistemática baja de la producción petrolera,  demuestran cifras frágiles, al mes de septiembre de 2018 la intermediación crediticia rondaba el 38%, el ROE inferior al 20% y una morosidad aunque elativamente baja, 2,70%, en crecimiento. 

En síntesis, la situación del sistema bancario en general, con las diferencias del caso,  es sencillamente de sobrevivencia.  Corresponde a las autoridades financieras profundizar en el análisis de la realidad del sistema bancario y adoptar medidas que impidan que en un año tan lleno de complejidades de todo tipo, se agregue una indeseada crisis bancaria. (deInmediato)

 

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